
El Pabellón-Puente, una de las entradas principales a la Expo, es obra de Zaha Hadid y tiene una forma muy estilizada. Se apoya en los extremos del río y en una isla central situada en el cauce. Tiene una forma orgánica, trenzada, que simula un gladiolo que se abre y se cierra como los elementos de la naturaleza. El puente va de lado a lado, sobre unos montículos que descienden suavemente hacia las orillas. El equipo ganador del proyecto define el Pabellón-Puente como un objeto que nace de las condiciones naturales del río y sus riberas.
Plantea un nuevo orden para el paisaje de las márgenes fluviales del río Ebro, separándose de esta manera de las alineaciones y los edificios, estableciendo con la ciudad una suave interacción por medio de unas rampas ajardinadas de transición.

El visitante toma conciencia a lo largo de su paso por la muestra de que los seres humanos somos los principales consumidores de agua del mundo y el origen de la fuerte presión que se ejerce actualmente sobre el recurso. Procesos como el aumento de la población, el crecimiento de las áreas urbanizadas, el cambio climático, la contaminación hídrica o la adopción de patrones de consumo despilfarradores no hacen más que agravar el problema. Por ello una nueva política de gestión, la “gobernabilidad”, juega un papel fundamental para cambiar esta tendencia.

Para desarrollar el tema de la gobernabilidad el diseño expositivo presenta al visitante de forma pausada y gradual mensajes e información en torno a la disponibilidad, la oferta, la demanda o el consumo de agua en el mundo. También nuevas formas de gestionar el agua de manera más sostenible, donde se controle de manera más eficaz el consumo del recurso y se produzca un cambio cultural en la población en la línea de un mayor respecto con la naturaleza.
Dividido en dos niveles, las zonas de paso suponen alrededor de 3.100 m2 y el espacio expositivo en torno a los 2.700 m2 de superficie. Durante la Expo lo transitarán más de 10.000 personas a la hora.