“En la guerra las víctimas son los protagonistas”, así de tajante se mostró uno de los fotógrafos españoles de mayor proyección internacional.
A las clásicas visiones del agua como fuente de vida o cómo recurso económico, el fotoperiodista añadió una nueva: el agua como arma de guerra. Durante el cerco a Sarajevo, una de las primeras medidas de los sitiadores fue cortar el suministro. Los ciudadanos acudían a las fuentes públicas para abastecerse, muchas de ellas, se convirtieron en objetivo militar. En Camboya, el dictador Pol Pot obligó a evacuar varias ciudades envenenando los depósitos públicos. En Ruanda, el periodista estimó que el número de muertos víctimas del cólera fue, casi tan alto, como el de fallecidos en combate.
Gervasio Sánchez explicó que una de las imágenes más habituales en las guerras son los civiles portando bidones y buscando agua, en Sarajevo, “era muy raro ver un impacto de bomba sin que hubiese al lado, garrafas agujereadas por la metralla” afirmó el fotógrafo.
“Lo peor de la guerra no es la muerte, lo peor son los heridos graves, los mutilados… la supervivencia cotidiana” de esta manera, explicaba Sánchez cómo le había impresionado el comportamiento de los habitantes en zonas de conflicto.
En Sarajevo, recuerda la preocupación de los ciudadanos por la limpieza. Siendo el agua un recurso escaso y difícil de obtener, las personas querían, pese a todo, tener su ropa limpia y sus casas recogidas porque era una manera de aparentar normalidad.
También aprovechó para denunciar a los diferentes gobiernos europeos por la venta de armas. “
