El ágora del 23 de julio fue un lugar de encuentro de expertos de diferentes ámbitos. En la mesa de debate estaban Ricardo Martínez de la Casa de África, Bru Rovira de La Vanguardia, Alec Van Gelder economista de la Universidad Católica de Lovaina y Marc Niñerola responsable de Intermon Oxfam.
“Las buenas intenciones” de Xavier Sala i Marti fue el documental que sirvió de preámbulo al debate. El trabajo plantea la efectividad de las ayudas internacionales a África, y desde una perspectiva neoliberal, apuesta por el libre comercio y la creación de empresas como la gran solución para los problemas del hambre en África. La tesis de este audiovisual parte del principio de que las regiones que más ayudas reciben son las que menos crecen. Xavier Sala resume en tres conceptos sus propuestas para este continente “promover el comercio, la inversión y la creación de empresas”
“África no necesita Coca Cola, necesita agua para que sus niños no se mueran de hambre” así de contundente se mostraba Ricardo Martínez de Casa África. El especialista contó que África tiene una historia de esclavitud, de colonización y ahora, “estamos fracasando en la lucha contra la pobreza”. Aunque, el experto explicó la paradoja de que “la realidad es que África es exportadora neta de riqueza” y añadió que no puede haber cambios en ese continente mientras que la riqueza exportada sea inferior a la invertida. Ante el argumento de la corrupción de las administraciones africanas fue tajante “dos no se corrompen si uno no quiere”.
Por su parte Alex Van Gelder, se mostró más moderado y comentó que uno de los problemas era de mentalidad, dijo que “las ideas sobre cómo ayudar no han cambiado mucho desde los años cincuenta” y añadió “hay que concentrarse en los resultados y no en las buenas intenciones”. Van Gelder defendió, sobre todo, la capacidad de los propios africanos para salir adelante. El experto cree que hay que dejarles actuar de forma libre y con adecuadas intervenciones internacionales “el impacto de la ayuda internacional es mínima, es más importante que aprendan a ayudarse a sí mismos”. El primer paso sería eliminar lo que definió como “déficit democrático” y el siguiente, eliminar todos los obstáculos que limitan la actividad empresarial. Puso como ejemplo a Etiopía, explicó que tras las hambrunas de los años ochenta, el nivel de ayudas fue tan importante que la agricultura descendió un 75 por ciento.
Bru Rovira, periodista de La Vanguardia, centró su intervención en una idea muy concreta. Dijo que antes de decidir cómo ayudar, hay que resolver el “imperativo ético”. El periodista expreso la falta de moral a la hora de establecer relaciones con África y argumentó que debe existir una ética al margen de las decisiones de los mercados “es muy grave que la comida o la energía estén en el mercado de valores” y añadió “el camino es recuperar el espacio político y ético”.
Sine embargo, desde Intermon Oxfam, dicen que al problema ético hay que sumarle la necesidad de que se creen estados democráticos fuertes. Su representante en el Ágora Marc Niñerola explicó que también es necesaria la creación de una ciudadanía con identidad propia en los países africanos. Y planteó la cuestión de si realmente había existido una ayuda a la cooperación en África, dijo que el presupuesto de la ONU para estas cuestiones equivalía al de mantenimiento de la policía de Nueva York.
