Un ‘nuevo mundo’ más allá del recinto
Algunas veces, con el ajetreo diario de decenas de eventos y celebraciones en el recinto, nos olvidamos de mirar un poco más allá de Ranillas. Algunas veces, de hecho, creemos que la Expo sólo se celebra en veinticinco hectáreas.
Sin embargo, de vez en cuando reparamos en que hay mucha más Expo que la que se puede ver a esta orilla del Ebro. Cruzamos el río en un autobús y, a poco más de veinte minutos, nos encontramos con otras caras de la Exposición, como el Ciclo de Música Clásica Expo Zaragoza 2008, que se celebra este verano en la ciudad.
En la noche de ayer, la sala Mozart del Auditorio de Zaragoza acogía uno de los mejores momentos de este ciclo. Nada menos que la Orquesta Filarmónica Checa con dos de las grandes obras de su fundador, Antonín Dvořák: el Concierto para violoncello en Si m, op. 104 y su última gran obra, la Sinfonía número 9 en Mi m, ‘del Nuevo Mundo’, dirigida por el austríaco Manfred Honeck.
Sin detenernos más en la brillante interpretación del Concierto por el violonchelista Claudio Bohórquez, sí tenemos que hablar de la impresionante ejecución de la Sinfonía del Nuevo Mundo. A ojos -o a oídos, para ser exactos- de muchos de los que allí estaban, nunca las secciones de maderas y metales habían emocionado tanto con melodías y arreglos tan sencillos.
En un gran programa de mano, cuya lectura breve acompañó los ratos muertos de espera antes del concierto, el musicólogo Álvaro Zaldívar recordaba cómo nuestro eurocentrismo había acabado por llamar ‘del Nuevo Mundo’ o incluso ‘del mundo entero’ a esta particular obra que mezcla la tradición sinfónica europea con los sonidos norteamericanos y, en un acertadísimo comentario, insistía en que las otras formas de música culta procedentes de otros lugares del mundo siguen sin ser apreciadas y disfrutadas.
Todos los días encontramos muchos espectáculos de cada rincón del mundo en estas veintinco hectáreas. Hemos avanzado mucho para equilibrar la balanza que se inclina a pensar que la música europea de los últimos 400 años es la única música culta que ha producido la humanidad. Cada vez nos gusta más viajar, con el oído, por otros lugares del mundo. Aun así, seguimos recordando cómo, cuando el mundo era mucho más grande, mezclar tradiciones europeas y herencias indígenas norteamericanas era un ejercicio valiente de hermanamiento entre pueblos. Exactamente igual que la Expo.



menéame





11 de Septiembre, 2008 - 22:41
Igual que hay una Expo más allá del recinto, no os olvidéis que hay una Zaragoza más allá de la Expo
23 de Septiembre, 2008 - 13:12
[...] confirmando su participación en la Expo, sobre arquitectura, sobre el mejor uso del agua, sobre música. Otras veces, por qué no, nos hemos entretenido con alguna chorrada que hemos encontrado por [...]
27 de Octubre, 2008 - 5:12
el mejor !!!