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OIKOS: AGUA Y ENERGÍA

El consumo creciente de los combustibles fósiles, la disminución en las reservas de petróleo, la contaminación progresiva del aire o el agua y el cambio climático originado por la actividad humana son hechos ignorados por mucho tiempo o discutidos hasta el presente. La gravedad de la situación actual se proyecta en el futuro según la evolución previsible de un entorno condicionado por numerosas variables, muchas de ellas condicionadas al comportamiento del ser humano. El rápido incremento de la población, el encarecimiento de los combustibles, la contaminación atmosférica y sus diversas consecuencias sobre el ozono, el dióxido de carbono y el metano, el calentamiento global de la tierra, perturbaciones en el régimen de precipitaciones, disminución de los glaciares, etc., son amenazas diversas e interrelacionadas que es preciso conocer y paliar.

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Las soluciones han de tener viabilidad científico técnica pero también han de poder ser soportadas económicamente en nuestro medio económico y político. Así, la disponibilidad de agua y energía para la humanidad en el inmediato futuro están ligadas a las posibilidades de captura, transformación y reutilización que la investigación y el desarrollo tecnológico puedan ofrecer. No obstante, ambos bienes han sido tan imprescindibles como desigualmente distribuidos sobre la población que, en muchas ocasiones, ha considerado casi gratuitos y prácticamente inagotables. Por ello, el cambio necesario en las costumbres y modos de uso de estos bienes, esenciales para la vida, condicionan en buena parte la viabilidad de las posibles alternativas técnicamente viables.

La ciencia inicialmente y la opinión pública después han comenzado a exigir soluciones con creciente urgencia a las entidades con capacidad de decisión política o económica que han de plantear las metas, determinar los programas y establecer los recursos necesarios para proporcionar al ser humano el agua y la energía necesarios para sus sustento, pero también para mantener o mejorar la calidad de vida. La contaminación de la atmósfera y el agua, el agotamiento de los combustibles fósiles y de otros recursos minerales, el incremento de la población, la exigencia de mayor consumo, el crecimiento en la producción y beneficio económico son factores de carácter global que han de abordarse mediante decisiones locales, como paliativos parciales a problemas que pueden ser muy agudos en un determinado ámbito.

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La energía necesaria para una vivienda puede dividirse en dos capítulos básicos: la dedicada a aplicaciones térmicas, especialmente calefacción, agua caliente sanitaria y refrigeración, frente al resto de las aplicaciones con base de energía eléctrica como la iluminación, electrodomésticos, comunicaciones, etc. En nuestro país se estima que aproximadamente el 70% de la energía de aplicación residencial corresponde al primer tipo de consumo térmico mientras que solo el 30% requiere consumo eléctrico en cualquiera de sus aplicaciones.

El empleo de energía eléctrica para calefacción en una estufa eléctrica solo puede ser superado en cuanto a ineficiencia por el hecho de ventilar el aposento con la ventana abierta sobre ese mismo radiador. Ahora bien, la conversión del calor solar en electricidad a través de una central de concentración o por desarrollo natural de biocombustibles mediante la función clorofílica de las plantas verdes, son también procesos factible pero poco eficientes en cuanto a la relación entre energía generada frente a la recibida.

Los procesos de transformación, acumulación y transporte presentan frecuentemente pérdidas notables que contribuyen en forma sustancial a incrementar la ineficiencia en el uso de la energía. Dos consideraciones, tan sencillas como infrecuentes, han de regir el diseño de cualquier sistema energético, de forma particular en el sector residencial:

  1. La generación y uso de la energía han de encontrarse lo más próximas posible, tanto en la distancia como en el momento o en el número de transformaciones a realizar de la primera a la segunda.
  2. Los procesos de transformación han de acompañar en lo posible a la degradación entrópica de la energía, procurando en cada paso la reutilización mediante reinserción en el sistema de las energías residuales.

Ahora bien, en el territorio de la Península Ibérica se recibe directamente del sol más de tres mil veces más de la energía que se precisa.

Con una tecnología adecuada de captura, transformación y almacenamiento la radiación recibida en las cubiertas de los edificios u otras superficies de carácter artificial se podría satisfacer nuestro consumo residencial, de transporte e industria. Es bien conocida la posibilidad de capturar el calor del sol para utilizarlo en la calefacción y agua caliente sanitaria o la generación eléctrica mediante células fotovoltaicas. Ahora bien, recibimos abundantemente energía solar en verano y durante el día mientras que necesitamos calefacción e iluminación artificial en invierno y de noche.

Tras dos siglos de despilfarro de los recursos energéticos acumulados por la naturaleza como combustibles fósiles, es preciso un drástico cambio hacia un uso equilibrado de la energía por el hombre. El almacenamiento y gestión adecuada de una energía abundante y barata, como es la solar, junto al desarrollo de métodos de coste razonable para su implantación en la construcción, son herramientas necesarias y accesibles a corto plazo. Así, la acumulación geotérmica y en materiales de cambio de fase, la generación y almacenamiento de hidrógeno y el empleo de elementos de conversión electroquímica directa como las pilas de combustible, el control de permeabilidad térmica en los cerramientos, la captura fotovoltaica con elementos poliméricos o recubrimientos de capa fina, etc. son técnicas a emplear de forma conjunta en la plaza OIKOS para acceder a un nuevo concepto de la energía en el sector residencial.