Veintinueve pantallas cilíndricas forman un arco en el Zócalo y constituyen un paisaje iluminado de videoproyecciones. Al igual que en un paisaje real, las percepciones y significados cambian en función de nuestra proximidad a la instalación.
A distancia, podemos percibir la continuidad del agua que circula formando ciclos entre siete grandes áreas ecológicas. En el decorado abstracto de la instalación, que evoca la curvatura del horizonte, las nubes transportan agua entre las áreas ecológicas del mundo; podemos así imaginarnos su trayectoria desde el helado glaciar hasta la húmeda selva.
Desde una posición más cercana, observamos los distintos sentidos del espacio, el movimiento y el tiempo que adquiere el agua según cuál sea el entorno. Así, los torrentes rompen la placidez visual con súbitos movimientos sincopados, en tanto que las estaciones de un bosque continental transcurren a un ritmo constante, pasando de las ramas desnudas a los brotes, o de la nieve a la lluvia.
Más de cerca aún, la interacción del agua, el paisaje y la vida se arrastra, burbujea y avanza despacio con todo tipo de detalles visuales y auditivos. Esos detalles también nos ponen de manifiesto los problemáticos sistemas de vida de los humanos, que amenazan esos yacimientos de agua. Treinta de las pantallas son sensibles al tacto y constituyen un medio más íntimo para explorar de qué manera el agua define y caracteriza la vida en la Tierra.